miércoles, 2 de septiembre de 2009

Nuestro mejor momento


A lo largo del día son muchos los momentos especiales que paso junto a Júlia. Estos momentos son a veces tan fugaces que cuesta darse cuenta de que los hemos vivido, en parte también por lo cotidiano que puede haber en ellos.  Hoy, por ejemplo, he visto a Júlia ponerse unas gafas de sol y venir hacia mi con una expresión de felicidad completa. En esos  pocos segundos, mi hija se me ha envuelto en una especie de haz de luz que me ha hecho ver lo especial que es para mí y no he podido evitar abrazarla muy fuerte y decirle "T'estimo, t'estimo, t'estimo". Ella se ha reido y se ha ido corriendo.  Es algo cotidiano, poco extraordinario, pero que ha llenado de sentido mi día. Estos momentos son espontaneos y poder saborearlos es un lujo que alguien nos ha permitido catar. Sin embargo, creo que también es importante crear ambientes en los que estos momentos especiales tengan facilidad para surgir. Para mí, el momento más especial del día es la hora de irse a dormir. Nosotras tenemos un pequeño ritual que repetimos todos los días. Una vez ya en la cama, Júlia elige dos o tres cuentos para leer. A veces los leo yo, y otras veces, es ella quién me los explica(a su manera). Después de eso, se estira y se levanta la camiseta del pijama para que le acaricie la barriga (me parece tan tierna...) y mientras le hago lo que ella llama "massatget"(que significa "masajito") le voy cantando toda una retahíla de nanas y canciones tranquilas(como unas seis o siete y ya se queda satisfecha). Después de eso, la beso y le recuerdo cuánto la queremos su padre y yo. Y ella, suele quedarse dormida plácidamente. El ritual dura entre media hora y cuarentacinco minutos(a veces más)... y puedo decir que recostadas en la cama, a la luz de la lamparilla de noche y entre cuentos y nanas, mi hija y yo vivimos nuestro mejor momento. 

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