domingo, 27 de marzo de 2011

Francesco Tonucci y la Ciudad de los Niños

Francesco Tonucci, también conocido como Frato en su faceta de ilustrador.

El pasado 12 de noviembre tuve la suerte y el placer de poder acudir a una conferencia donde el gran Tonucci habló sobre su conocido proyecto "La ciudad de los niños". Durante la charla, Tonucci partió de la frase de un niño de 5 años que decía que "si los adultos no escuchan a los niños, van a tener líos gordos". A partir de esta premisa, el pedagogo reflexionó sobre cómo la generación actual de adultos estábamos destrozando nuestro entorno, siendo la primera generación que en lugar de sacrificarse por el futuro de nuestros hijos les estábamos robando su futuro  pan del plato. En reacción a este despropósito, Tonucci nos recuerda que los jóvenes rechazan la sociedad instaurada con actitudes destructivas e incluso autodestructivas. Puso como ejemplo el fenómeno de los jóvenes japoneses que se aíslan en sus dormitorios, anteponiendo una vida virtual a una vida real, y saliendo solo de estos para suicidarse en grupo. Solo durante el año pasado, en Japón hubieron 34.000 suicidios (yo este dato, que me pareció elevadísimo, no lo he encontrado,pero fue el que dió). Tonucci reflexionaba diciendo que siempre podemos decir que la sociedad japonesa es distinta a la nuestra, que son "raros"...pero nos recuerda que hace unos años se decía lo mismo de la obesidad infantil de EEUU, y es algo que ya hemos empezado a padecer.
Tonucci afirma que para educar a un hijo es necesario ofrecerle un entorno adecuado. Sin embargo, las ciudades que estamos ofreciendo a nuestros hijos son lugares inhóspitos. Son ciudades diseñadas para satisfacer y acomodar al modelo de "adulto hombre y trabajador". Si uno pregunta a un niño como debe ser una ciudad, el niño piensa en todo el mundo. No olvida a nadie. En cambio, los adultos tuvimos al oportunidad de reconstruir nuestras ciudades después de la II Guerra Mundial, y tuvimos el descaro de repetir el mismo error y construir ciudades pensadas solo para el llamado "adulto hombre y trabajador". Si uno lo piensa detenidamente, es vergonzoso.
Encontramos en nuestras ciudades señales que nos advierten: "Peligro, niños" de igual modo que nos advierten "Peligro, piedras" o "Peligro, vacas". ¿Son los niños un problema en nuestra sociedad? ¿Nos molestan, nos agravian?

No podemos obviar lo que la ciencia se empeña en demostrar una y otra vez: los primeros años de nuestros hijos son los más importantes, pues condicionan el resto. Estos primeros años no suceden en la escuela, suceden antes... sin libros de texto, sin maestros, sin metodologías, ... solo JUGANDO. Hoy en día podríamos asegurar que los niños juegan mucho, pero no es cierto. Hacemos un gran esfuerzo económico para que "jueguen": juguetes caros y abundantes, actividades extraescolares (habla incluos del síndrome de la madre taxista), etc... Siempre bajo la vigilancia de un adulto. Pero eso no es jugar. No se puede acompañar al niño mientras juega, él debe hacerlo libremente. Para el niño jugar es placer, y el placer es algo incompatible con la vigilancia externa (sino pensemos en los placeres adultos). El niño de hoy en día está bajo constante vigilancia, porque la sociedad insegura que hemos creado así lo requiere. Para poder crecer de forma plena, el niño necesita jugar libremente, explorar, correr riesgos y asumir el reto de superarlos, poder elegir los amigos, vivir el placer de la sorpresa... Todos estos factores desaparecen cuando el juego está controlado, si hay un adulto presente no hay posibilidad de vivirlo. La ausencia del adulto es una condición indispensable del juego. Si no permitimos que los niños asuman pequeños riesgos, el deseo por lo prohibido crecerá y asumirán esos riesgos cuando tengan suficiente autonomía para salir de casa (durante la adolescencia). Como todo esto vendrá de lejos, será una explosión y las consecuencias serán peores (Tonucci lo relaciona incluso con el gran número de accidentes de tráfico que tiene la gente joven; cree que buscan vivir esos riesgos que no pudieron asumir de niños).
 Los niños tienen el derecho de poder salir a la calle para jugar, pero nuestras ciudades no están pensadas para ellos y esto no es posible. El proyecto "La ciudad de los niños" trata de enmendar este error. El pedagogo nos remite a la frase de una niña de 10 años que dice que "la culpa de todo es de los adultos, hay que limitar su poder".  Los niños pueden ayudarnos. Es necesario hacer una ciudad para todos, también para ellos. Sus ideas, sus opiniones son válidas y necesarias. La carta de derechos de los niños dice que estos tienen derecho a expresar su opinión cuando se toman decisiones que les afectan. Tonucci se pregunta entonces qué ocurre, por qué algo que se ha reconocido como derecho fundamental de los niños es ignorado reiteradamente por nuestra sociedad.
Volviendo al tema de la movilidad, Tonucci nos recuerda que ésta debiera ser un patrimonio de los niños. Sin embargo, esto ha desaparecido. Nos remite a los estudios que Illman realiza cada 20 años, para comprobar el número de niños de 6 a 10 años que van solos a la escuela en Inglaterra. Los datos son los siguientes:
  • 1970: van solos a la escuela el 90%.
  • 1990: van solos a la escuela el 10%.
La cifra de este año 2010 está todavía en proceso de contabilización, pero seguramente sea inferior a la de 1990. Tonucci, en su proyecto "La ciudad de los niños", propone las llamadas rutas escolares. En estas rutas escolares se implican personas de referencia, como por ejemplo, los dependientes de las tiendas que se encuentran en el camino hacia la escuela, comprometiéndose a ayudar a los niños que vean en apuros y, en definitiva, a vigilarlos un poco. También el suelo de las aceras los niños encontraran señas de como llegar al colegio, para que no se despisten. De hecho, en Barcelona esta experiencia se lleva a cabo desde hace unos años.
Tonucci recuerda las palabras de un niño de Rosario, que decía. "Los adultos deben ayudarnos, pero de lejos". En definitiva, los niños deben ser ciudadanos y sus padres no deben convertirse en sus guardaespaldas, simplemente deben hacerse cargo de ellos.
Tonucci relaciona además la salud infantil con la movilidad. ¿Cómo evitar que los niños pasen horas frente a la pantalla? Pues dejándolos salir a la calle. No los dejamos bajar  porque lo consideramos peligroso, pero según Tonucci es peligroso porque no hay niños en la calle. Nuestros países son sustancialmente seguros, no merecen el miedo que les tenemos. Nos habla de una experiencia en un barrio marginal de Buenos Aires. En este barrio la propuesta de la ruta escolar tuvo mucho éxito (los vecinos y comerciantes se implicaron mucho). Desde que se puso en marcha la propuesta, ante la presencia de los niños en la calle los delitos han bajado un 50%. Según Tonucci, esto demuestra que delante de los niños nos comportamos mejor y somos mejores personas.
Por otra parte, en las ciudades es urgente que se comience a aplicar una política de juego y espacio urbano distinta. Se debe compartir el espacio entre los coches y los niños. Tonucci reza diciendo: "Por favor, ¡ por lo menos respetemos a nuestros hijos tanto como respetamos a nuestros coches!". Los parques son espacios artificiales. Para un rato están bien, pero no tienen los matices suficientes como para considerarlos espacios ricos en estímulos. Todo el espacio urbano debería ser compartido, ¿o es que acaso nos molestan los niños? Ir al parque es como ver la misma película todos los días.
Por último, Tonucci nos recuerda que por cada dólar invertido en la infancia, el beneficio para la sociedad es de 7 dólares. Si invertimos en la infancia, tendremos una sociedad mejor para todos.
 Para acabar, Tonucci nombra los tres sectores de inversión en los que deberían trabajar las administraciones públicas y que serían un gran beneficio para los niños y, por lo tanto, para la sociedad:
- amamantamiento natural: es crucial que los niños disfruten de sus madres al 100%.
-movilidad: para crecer sanos los niños deben poder jugar libremente.
-garantizar el acceso a una escuela infantil de CALIDAD donde se les permita jugar.

Después de escuchar a Tonucci, uno tiene la sensación de que todo lo que dijo es OBVIO... entonces ¿porqué no se hace?


Dar las gracias

Hoy quiero dar las gracias a diez personas que hay en mi vida y a las que no les suelo decir lo que siento.

  1. Gracias a mi madre, por respetarme, ayudarme tanto tantísimo y no pedir nada a cambio.
  2. Gracias a mi marido, por estar simplemente a mi lado.
  3. Gracias a mi hija, por decirme cada día que me quiere.
  4. Gracias a la Familia Pinilla y la Familia Padilla, por ejercer de mi familia aún sin serlo realmente.
  5. Gracias a mi padre, por ser tan pesado y seguir dándome besos.
  6. Gracias a Rubén y a Sara, por ser tan sinceros y tan cercanos.
  7. Gracias a Anna Ollé, por ser.
  8. Gracias a las chicas del foro rosa, por el compañerismo que demuestran día a día.
  9. Gracias  a mi suegra, por estar siempre disponible.
  10. Gracias a mi hermana, por ser mi hermana.
Al final no han sido solo diez personas, pero hay tanto que agradecer que no me cabía en solo diez pasos. GRACIAS.

jueves, 17 de marzo de 2011

Sueños que se repiten a lo largo de la noche

Esta ha sido una noche muy larga. Empecé soñando que estaba con mi madre, mi hermana y mi hija bañándonos en el mar Mediterraneo. Estábamos en un banco de arena por lo que el agua no cubría y aunque estábamos cerca de la orilla, había un trocito a nado. Yo llevaba a mi hija en brazos todo el tiempo. Lo estábamos pasando bien y entonces vimos que se aproximaba a nosotras una orca. Sí, una orca. Y al principio nos hizo ilusión. La orca nadaba en círculos a nuestro alrededor y nosotras la contemplábamos fascinadas por su inmensidad y su belleza. Pero entonces, de repente, recuerdo que hay orcas que también se alimentan de mamíferos marinos y pienso, aterrorizada, que somos un manjar para ella. Uno de los mayores miedos que tengo es morir devorada. Es un miedo absurdo, pues las probabilidades de morir devorada con la vida que yo llevo son realmente muy pocas, por no decir ínfimas. Esto hace que lo pase realmente mal cuando pienso en tiburones, cocodrilos (especialmente temo a estos réptiles) y también orcas. El hecho de que sean animales que viven en un medio (el acuático) en el que yo no tengo posibilidad de escapar me aterroriza todavía más. El caso es que en el sueño me doy cuenta de que somos víctimas potenciales, pero parezco ser la única. Ni mi madre ni mi hermana se inmutan y yo empiezo a pensar, muy angustiada, cómo podemos llegar a la costa sin ser devoradas. El hecho es que también me atormenta la idea de que las orcas son capaces de saltar hasta la orilla para cazar y empienzo a creer que en realidad la orca nos puede atacar en cualquier momento, aunque estemos en el banco de arena que hasta ese momento me parecía seguro. En ese instante me depierto, y al volverme a dormir vuelvo a soñar con una secuencia similar.
En fin, el resultado de esto es que hoy mi concentración es muy escasa y que me siento muy cansada e insegura con todo, pese a ser esta inseguridad producto de la vivencia soñada.
La mente es, a veces, realmente extraña.


lunes, 7 de marzo de 2011

Carnestoltes

Este año Júlia eligió ir de sirena y me animé a hacerle el disfraz yo misma. No soy nada habilidosa con la máquina de coser, más que nada porque nunca he aprendido a utilizarla como es debido, pero me hacía ilusión intentarlo. Estoy contenta con el resultado, ya que lo hice sin  patrón. Es un disfraz muy sencillo de hacer. Os pongo unas fotos por si os da ideas para otro año y también, dicho sea de paso, para que veais como de bonita estaba mi niña.

Aquí podeis ver el traje entero.
Aquí podeis ver el traje entero.
Aquí, aunque la foto es mala, podeis ver el detalle de la capa que le hice para que no tuviera frío. Era un fondo marino, con su coral y sus pececillos.
Y aquí podeis ver la forma de la cola estirada.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Cuestión de ética profesional

    No comprendo como un pediatra, enfermero o sanitario que no tiene formación específica sobre lactancia materna se atreve a dar pautas, consejos y a aseverar afirmaciones sobre el tema en cuestión. El funcionamiento de las mamas femeninas es complejo, al igual que lo es el funcionamiento de cualquier otro órgano del cuerpo humano y para saber de él y poder hablar con propiedad es necesario haberlo estudiado.      Los beneficios de alimentar a los bebés humanos con leche humana están también científicamente comprobados, y cada día que pasa se descubren nuevas propiedades que las leches de fórmula no contienen. Al margen de opiniones personales, una persona con titulación sanitaria no debería emitir sentencias en este tema si no tiene la formación requerida, al igual que no lo haría sobre el hígado, el corazón u otras partes del cuerpo que no son su especialidad. La ética profesional también reside en el hecho de tomar conciencia sobre aquello en lo que no se sabe lo suficiente como para emitir una opinión profesional. Dentro de esta categoría de "opinión profesional" también incluyo aquellas opiniones que, aunque no tienen base científica, se enmarcan en la confianza ciega que a menudo la gente común tiene en todo aquello que dicen las personas con titulación sanitaria.
    Si necesitáis saber más sobre la lactancia materna, sobre porqué es más beneficiosa que la lactancia artificial, sobre los problemas que por falta de apoyo adecuado podéis llegar a tener al dar el pecho (grietas, poca producción de leche, etc) debéis  dirigiros al especialista en la materia: las asesoras de lactancia y, preferiblemente, las IBCLC (cuya formación es equivalente a título universitario en otros países europeos y que, además, para mantenerlo se someten a reciclajes y exámenes de forma periódica). Por increíble que parezca, un pediatra, un enfermero o una comadrona estudian muy poco o nada sobre lactancia materna a lo largo de su carrera universitaria.
    Muchas os preguntareis porqué parece tan difícil dar el pecho si se supone que es algo natural. Pues sí, es natural, pero también es cultural. Para poder dar el pecho de manera satisfactoria es necesario también una transmisión cultural intergeneracional en la que, de modo inconsciente, se captan las posturas adecuadas con las que amamantar, por ejemplo ( y muchas cosas más). Como esta transmisión cultural se rompió con el boom del biberón en los años 70/80 nos encontramos con madres que quieren amamantar a sus hijos pero que se los colocan como si les estuvieran dando un bibe... y claro, en seguida salen las grietas y un sinfín de problemas que se van encadenando uno tras otro... Por este motivo, la ética de los profesionales de la salud es más que nunca imprescindible: si no están dispuestos a reciclarse deberían, por lo menos, tomar conciencia de su ignorancia y derivar la paciente a los especialistas en la materia.