El otro día fui a una papelería muy famosa en mi ciudad a imprimir algunos apuntes de la universidad cuando tuvo lugar una curiosa conversación. La conversación en cuestión surgió cuando imprimí unos apuntes sobre nutrición infantil, a lo que el buen hombre dijo "Qué difícil es educar a los hijos". Yo le comenté que bueno, que quizá no era fácil, pero que tampoco habían grandes misterios si uno tenía unos criterios claros y, a la vez, era capaz de mantener la mente abierta. Entonces me comentó que había salido por la tele (aaaaiiiiiissssh, la tele...) que un padre había denunciado a un profesor por haber pegado a su hijo. En un primer momento pensé que estaba dando la razón al padre, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando bastante indignado soltó la frasecita: "¡A saber qué había hecho el hijo para que el profesor lo pegara!". El señor de la tienda consideraba que si un profesor había pegado a un alumno alguna buena razón tendría. Entonces yo le comenté que yo también denunciaría un profesor si se le ocurría ponerle una mano encima a mi hija. Yo desconozco el caso del que me hablaba el propietario de la tienda, no sé si se trataba de un niño o de un adolescente, pero es algo que me resulta indiferente. La violencia nunca está justificada, y más si estamos hablando del ámbito educativo. Un profesor es un profesional de la educación que debería tener la formación y los recursos como para no perder los nervios de esa manera. Si la situación que atraviesa le impulsa a pegar a un alumno pueden estar sucediendo dos cosas: que el profesor necesite una baja laboral por ansiedad o similar, o que sea necesario tomar otra clase de medidas con el alumno provocador. Que un adulto pegue a un menor me parece, cuanto menos, grotesco. Para empezar les doblamos en peso y estatura, ¿no es una actitud abusiva? Y, desde luego, nunca jamás trataría a alguien como no me gustaría que lo hicieran conmigo, y si hablamos de menores, con más motivo.
El señor de la tienda, seguramente sin darse cuenta y víctima de una educación que le pesa en el subconsciente, estaba haciendo apología de la violencia infantil. Por suerte, recordé aquella frase que dice que la violencia es el recurso del incompetente y se dio cuenta de que a mí no me iba a convencer de nada.
Esta anécdota me recordó a una campaña preciosa llamada "Tus manos son para proteger". Si os interesa verlo, podeis hacerlo
aquí.
Tens tota la raó. Encara hi ha gent que pensa que amb el càstig físic els nens i nenes respectaven més el/la mestr@ i no és així, el que tenien era por, no respecte!
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