Nosotros hemos sido padres jóvenes para lo que hoy en día se estila. Ni mucho menos padres adolescentes, pues considero que cuando tuvimos a Júlia ambos éramos personas ya adultas, pero en una sociedad donde casi nadie se atreve a tener hijos antes de los 28- 30 años fuimos una excepción. Quizá por ese motivo nos encontramos en una situación medio extraña. Fuimos padres cuando ninguno de nuestros amigos, colegas o conocidos lo eran. Fuimos padres cuando nadie de nuestro círculo social tenía siquiera intenciones de serlo. Y eso marcó nuestra vida social de manera estridente. Durante lo que duró mi embarazo- entre reposos, vomiteras y los kilos de más que me agotaban durante las últimas semanas- fuimos perdiendo parte del círculo del que hasta entonces habíamos formado parte. Estando embarazada no creía conveniente salir en según qué ambientes -donde el humo del tabaco era un problema- ni a según qué horas-pues me iba durmiendo por los rincones-. Aún así, el verdadero cambio llegó con el nacimiento de Júlia. Las primeras semanas se llenaron de visitas y celebraciones. Desde luego agradezco el detalle, pero desde que viví esa marabunta constante de gente paseándose por mi casa (teníamos que llevar hasta una agenda para evitar solapamientos de visitas!!) no he vuelto a visitar a nadie con un recién nacido hasta que ha pasado por lo menos un mes desde el nacimiento, y las visitas que hago son rollo relámpago. El caso es que una vez pasado el frenesí de los primeros momentos, el teléfono dejó de sonar. De repente no habían cenas, ni cafés, ni nada... a no ser que los organizara yo. Cuando me cansé de organizar eventos (pues al fin y al cabo era yo quién tenía un bebé y, por lo tanto, quien menos tiempo tenía para semejantes menesteres) la vida social se extinguió casi por completo. Y así fue como me di cuenta de que los únicos cafés que me tomaba eran con mi madre o con mi hermana. Y la verdad es que creo que sin ellas me hubiera vuelto medio majara (os quiero un montón!). En la guardería no acabé de sintonizar con ninguna de las familias y no se dio el feeling necesario para tomar un café o algo así. Lo cierto es que muchas familias tardaron en descubrir que mi hija era mi hija y no la de mi madre. Parece ser que es más normal que una persona de 50 años tenga un bebé a que lo tenga una persona de 24 años. Cosas de Occidente, digo yo.
De vez en cuando seguía quedando con algunas personas. Pero pasa algo con las que somos madres, y es que nuestra maternidad pasa a ser uno de los pilares de nuestro repertorio conversacional. Y comprendo que no todo el mundo está dispuesto a soportar más de dos cafés hablando de las monerías de mi hija, de las teorías de la Gutman (cuando ni saben quién es) o de la introducción de los alimentos sólidos (cosa que me preocupó tantísimo en su momento). Supongo que a ojos de muchas personas me convertí en una aburrida o, simplemente, en una persona completamente distinta a la que ellos habían conocido. Los lugares comunes habían desaparecido.
Y buscando personas con quién charlar, con quién desahogarme por no haber dormido dos noches seguidas, con quién discutir sobre maneras de educar y de criar a los hijos, llegué a los foros de internet. La verdad es que no sé ni como me adentré en ellos, creo que fue buscando información sobre los sólidos (ya he dicho que me preocuparon, jaja) y sin casi darme cuenta me encontré en una comunidad virtual privada de mamás que, al igual que yo, necesitaban apoyo en esta faceta de la vida. Lo cierto es que resulta sorprendente ver como internet está movilizando a cantidades ingentes de madres que buscan en la red lo qe se ha perdido en el mundo real. Buscan el "criar con la tribu". Antes las abuelas compartían sus vivencias y preocupaciones con las vecinas, las cuñadas, las madres del colegio, etc. Hoy en día, debido a los ritmos de vida que llevamos, estos vínculos casi han desaparecido. Mi foro de mamis ha sido para mí tabla de salvación en muchas ocasiones y allí he encontrado personas dispuestas a aconsejarme sobre cosas que otras personas hubieran considerado ridículas o poco importantes. Desde luego que debo mucho a mis ositas.
Más tarde, cuando Júlia tenía dos años, empecé a estudiar en la universidad. Eso me dio una tregua. Necesitaba conocer gente nueva, gente con la que no arrastrara vínculos oxidados. Y así fue. Conocí a algunas mamás que, como yo, habían vuelto a estudiar. Por fin pude compartir con alguien más (de modo físico) mis preocupaciones y estar en sintonía. Y aunque estas relaciones han cuajado bastante, lo cierto es que fuera del ámbito académico no han prosperado demasiado, ya que por motivos geográficos quedar se hace algo complicado.
Pero llegó el colegio, y de verdad que creo que algo mágico hubo para poder coincidir con las mamás con las que me he encontrado... ¿o cómo se explica haber conocido a dos mamás con las que comparto las mismas ideas entorno a la crianza y la educación y con las que, además, he conectado de modo especial? Para mí, Sonia y Dasa, han sido un regalo. Con ellas puedo hablar de todo lo que respecta a mi maternidad, sintiéndome acompañada en el trayecto y en la moral. Y es que criar a un hijo sin poder compartirlo con nadie que no sea la familia se hace un poco duro algunas veces. La amistad es necesaria para sentirse bien con uno mismo. Los momentos de distensión son necesarios. Y sin amigos la cosa se complica un poco más.
Ha sido difícil llegar hasta aquí, pero tampoco quiero dramatizar. He sido muy feliz, es solo que ahora lo soy un poco más, puesto que después de cuatro años de maternidad al fin tengo a alguien con quién ir al parque o, simplemente, a tomar un café. Y estas pequeñas cosas son también muy importantes.

M'encanten les teues paraules i m'alegre molt de q sigues un poquet més feliç. M'he sentit identificada en el q has escrit, imagine q com moltes mares q et llegiràn. Besets Annabel.
ResponderEliminarMoltes gràcies Ade. Entre totes fem pinya i cobrim algunes de les carències de la nostra societat, que no és poc. Tenim la sort de que internet ens ho permet. Petons i espero poder coneixe't aviat. Ah! I que els teus petits es millorin.
ResponderEliminarFelicidades por haber encontrado a alguien con quien compartir tu maternidad !! En nuestro círculo ha pasado algo algo un poco extraño. Estamos todos bordeando los 30, incluso algunos los han pasado, pero somos de los que no queremos tener hijos, Y en medio de ese rechazo a lo convencional, una pareja de amigos va y se casan, se hipotecan y tienen a la niña més hermosa que haya visto jamás. Para mi Claudia es como una sobrina. La tenemos todos muy mimada :p
ResponderEliminarEl caso es que sus padres siempre habían tenido una vida social muy ajetreada, y siempre habíamos hablado de que si alguna vez alguna tenía hijos y se volvía monotemática, que le diéramos un tiro. Pero de algún modo para nosotras el embarazo y nacimiento de la niña ha sido una experiencia especial, quizá porque Aida nos ha dado el regalo de compartirlo con nosotros, quizá porque los vínculos entre nosotros eran muy fuertes y especiales, no sé, el caso es que hemos procurado estar ahí en la medida de lo posible. Y sí, ahora cuando quedamos hablamos de los primeros pasos, de las papillas, de cosas que hace... Pero creo que ellos se han visto muy arropados tanto por amigos como por familiares, y sí que han podido mantener cierta vida social. Además, tenemos tal enamoramiento con Claudia que cualquier chorrada que nos cuente sobre ella nos parece la mejor historia jamás escrita :p Es como si Aida hubiera colmado nuestro instinto maternal, como si hubiera sido madre por todas.
Siento el rollo, sólo quería hacer un pequeño homenaje a las amigas que son madres, creo que os merecéis que os queramos y os apoyemos en todo, porque sois unas valientes y os admiro !!
Hola Jessica,
ResponderEliminarqué bien leerte por aquí. El caso es que, al menos en mi entorno, lo convencional no ha sido ni tener hijos ni hipotecarse. Así que en cierto modo, los que hemos nadado contra corriente hemos sido los que optamos por tener una familia, jaja. (le acabo de dar la vuelta a tu discurso, qué mala soy).La verdad es que tu amiga tiene suerte, quizá os ha cogido al grupo de amigos en un momento más maduro de lo que le cogió a mi grupo de amigos, no lo sé. Me consta que muchas madres se han sentido como he explicado en el post, pero dice mucho a vuestro favor que esteis mimando tanto a esa nueva familia. Un beso muy grande!
Hola!
ResponderEliminarSoy Aida, la verdad es que es difícil no sentirse identificada con tu escrito. Las que hemos sido madres jovenes, y la maternidad no estaba en tus planes de futuro inmediato, te das cuenta como tu vida social merma y ya no tienes tiempo ni para ti, para esos ratitos en los que aprovechabas para leer, escuchar música, etc. todo por que, como bien has dicho, priorizas ante todo el disfrutar y criar a tus hijos, que es algo maravilloso.
En mi caso he tenido mucha suerte, no solo he tenido el apoyo de la familia, si no que también esta el de mis amigas. Se que puedo llamarlas para un café o una cervecita cuando necesito desconectar un poco,y auqnue yo intente no hablar mucho de mi hija, para evitar ser la amiga pesada que solo sabe hablar de su hija, me encuentro que son ellas las que me pregutnan y quieren saber las azañas de mi hija. Incluso intentan organizar eventos para que podamos ir toda la familia. Se agradece muchísimo el que intenten que no nos sintamos fuera de lugar, y auqnue ninguna es madre y no me puedan solicionar o aconsejar sobre las dudas que tengo, te hace sentirte mejor.
Me algro que al fin puedas compartir tu maternidad con otras personas que no sea tu familia, solo las que estamos viviendo esta experiencia sabemos los importante que es.
te felicito por el blog, ya tienes una nueva lectora!
PD: Jess me has hecho llorar! jujuju
Hola Aida,
ResponderEliminarme alegro mucho de que hayas tenido tanta suerte. Yo imagino que la diferencia entre nuestras historias radica en que yo fui madre más cerca de los 20 y tu más cerca de los 30, por lo que las personas de tu alrededor eran más maduras.
Un beso y felicidades por tu reciente maternidad.